miércoles, 5 de mayo de 2010

LA INSTITUCIONALIDAD DEL ESTADO EN EL BANQUILLO

Necesito que me permitan resaltar en este análisis el significado de la palabra CONFIANZA, que – entre tantas ideas – se relaciona fuertemente con la palabra ESPERANZA. En concreto, la confianza es la esperanza que tiene alguien de que otro actúe a favor del interés del primero.

En una sociedad democrática, los ciudadanos tienen la confianza de que existe un marco de institucionalidad del Estado dotado de los suficientes instrumentos para garantizar el respeto a sus derechos. Es decir que, el ciudadano desarrolla sus actividades poniendo en práctica algunas decisiones, confiando en que su gobierno cautela sus derechos (e intereses). Esto es extensivo a los demás ciudadanos, quienes, por la tutela que ejerce el gobierno, no afectarán los derechos del ciudadano de nuestro ejemplo.

De modo práctico, si cultivo papas y para ello remuevo la tierra (mi tierra), la fertilizo y siembro la semilla, supongo que nadie me venderá abono inútil, ni semillas malogradas, ni me impedirá el acceso a la tierra, o al agua para regarla; confío que esto es así porque existe un gobierno que me garantiza que la tierra es mía; que quien me venda el abono y la semilla, no me engañará; ni tampoco que alguien impedirá mi acceso al agua de riego. Tengo la confianza de hacer las actividades que me interesan, sin que medie intervención alguna que lo impida.

Y aún cuando las noticias que escucho a diario me enrostren que NO ES ASÍ, tácitamente continúo actuando como si lo fuera. Esto me lleva a una frustración recurrente, al punto que me moviliza hacia dos decisiones opuestas: o (i) dejo de confiar y me rebelo, o (ii) me resigno a sobre-vivir en un marco institucional debilitado, falso o difuso, sin autoridad y con delincuentes que atropellarán impunemente mis derechos en el momento menos pensado.

En conclusión, mi confianza en la institucionalidad del Estado (por la que voté – o los mayores que yo, votaron – en algún momento), ha sido defraudada, traicionada. Mi esperanza en que el gobierno actúe a favor de mis derechos y los derechos de los demás ciudadanos, ha sido una falacia creada por intereses muy distantes a los que creímos – o confiamos – cuando decidimos por esa forma de gobierno.

Para abundar más en el tema, cito algunos ejemplos generales que propongo sean tomados en cuenta por los electores, ad portas de procesos electorales que nos llevarán a renovar fórmulas gubernamentales.

Vivimos en un país que ha sido calificado como “en vías de desarrollo” por diversas razones; entre ellas, por tener una gran proporción de la población sin acceso a la atención de sus necesidades básicas (tierra, techo, empleo, educación, salud). Lo lógico, a mi modesto entender, es que mis gobernantes diseñen estrategias para resolver ese pasivo, privilegiando instrumentos que – en aplicación de los derechos de todos – actúen a favor de fórmulas para reducir esa brecha.

El que no funcionen esos instrumentos a corto plazo, puedo entenderlo (solemos caer en la dinámica del ensayo – error); pero que además de eso se utilice mi confianza como combustible para alimentar lo que la sociedad entera aborrece y que se conoce claramente como “corrupción”, es escandaloso.

No quiero concentrarme en el asunto de la corrupción porque ya se ha hablado mucho sobre eso. Propongo volver al asunto de la confianza, pues nadie puede abiertamente conminarme a elegir a un corruptor (que corrompe). Así, invocando el valor de la confianza, propongo que invitemos a los candidatos a demostrarnos los instrumentos que tienen y su capacidad de implementarlos para “desempolvar” nuestra confianza en la institucionalidad del Estado, aquella en la que creímos algún día, porque no encontramos otra fórmula que garantice nuestro desarrollo colectivo en armonía e igualdad de condiciones. Necesitamos alguien que nutra la confianza ciudadana y la eleve como valor fundamental para gobernar en nuestro espacio.

En suma: si no tengo empleo, mi gobernante implementará medidas para que yo lo obtenga de modo justo, permanente y obviamente productivo; si no tengo tierra, mi gobernante implementará medidas para que tenga acceso a ella, al igual que los demás; si no tengo salud y educación, mi gobernante implementará medidas para que acceda a la salud y a la educación, igual que los demás. En otro plano, si tengo capital para invertir, necesitaré que mi gobernante implemente medidas para favorecer mi inversión de modo que pueda recuperar mi capital y usarlo para – además de generar empleo – mantener mis ingresos y pagar los impuestos que correspondan; necesitaré también – sea inversionista o un modesto empleado – que el espacio en el que vivo o trabajo garantice mi integridad personal, no afecte mi salud, no perjudique mis inversiones y no me exponga a conflictos de intereses que al mismo gobernante le corresponde cautelar de la forma más justa posible.

No estoy pidiendo un mago – tampoco quiero entrar en el terreno de la utopía o la fantasía – sino que espero que los recursos a los que, como ciudadano, le permití acceder (impuestos, autoridad, etc.), sean usados a mi favor. Quiero que se haga merecedor a mi confianza. Quiero volver a tener la esperanza de que la institucionalidad democrática por la que voté – o me sumé aceptándola – cautele mis derechos en el desarrollo de mis actividades por articularme a la compleja urdimbre social a la que pertenezco. Sé que no es fácil, pero si alguien se propone resolverlo, sólo espero que lo haga.

En la medida que eso no sea así, asumiré que la institucionalidad del Estado es un fraude a la confianza, y por tanto debe pasar al banquillo de los acusados por las recurrentes traiciones a las que nos expuso.

miércoles, 10 de marzo de 2010

PERDERSE LA FIESTA… EN TU PROPIA CASA

Hace quizás 12 años que elaboramos con mi hermano Ricardo (Q.E.P.D.) una propuesta de visión estratégica de desarrollo para Tumbes. En ella propusimos que, dadas las condiciones de crecimiento económico agrícola en Sullana (Perú) y El Oro (Ecuador) y acuícola en El Oro (Ecuador), las expectativas de expansión agrícola con un proyecto de irrigación no serían tan sólidas para Tumbes, como el desarrollo turístico de su variada oferta de escenarios naturales. Desde esa época nos preguntábamos ¿Quién no quisiera ir a Tumbes…? Si ése lugar contiene hermosos lugares, una destacable gastronomía, calor de su gente y mil oportunidades más de pasar momentos cálidos y agradables. Presentamos la propuesta en el entonces CTAR Tumbes y fue desestimada a los 3 segundos de sustentarse.

Se desestimó por diversas razones, muchas de las cuales ni siquiera se imaginaron en su real contexto. El turismo era visto como prohibitivo por ser Tumbes una zona calificada como de Alto Riesgo para enfermedades metaxénicas (Paludismo, Dengue) y parasitarias. Además, Tumbes no contaba con infraestructura ni servicios para atender al turista.

Por eso la opción siguió siendo la misma: irrigación de campos agrícolas para la expansión de la agricultura. Pese a que Sullana y El Oro tenían una mayor superficie real destinada a la agricultura, contra una superficie hipotética más reducida en Tumbes, la agricultura aparece como mejor opción.

Doce años después, la expectativa es la misma… pero el turismo está creciendo en nuestras narices. Y no precisamente por aventureros tumbesinos. ¿Se equivocan…?

Tumbes hoy es una región que recibe ingresos por venta de hidrocarburos, langostinos y… turismo. Las exportaciones de banano orgánico y las ventas nacionales de arroz ya demuestran tener un techo. Y no precisamente por limitada superficie. La ganadería, que se ufanó siempre de ser motor del desarrollo de Tumbes, no logra salir de su antiguo modo itinerante o extensivo, sobre tierras públicas.

Y es que quizás la fuerza de un sueño centenario no logra ser superada por un concienzudo análisis de nuestra realidad. Una realidad que no nos margina, sino que nos eleva a una posición privilegiada. Decíamos en nuestro análisis que la opción del turismo nos elevaría a una categoría de sitio preferente por la belleza de sus playas, lo mágico de sus bosques (secos y tropicales húmedos), la proximidad de cada escenario con el otro y… una tradicional gastronomía.

Tumbes habría sido – desde hace diez años – un escenario mágico en donde inversionistas, académicos, aventureros y naturalistas adoptarían como sitio preferente para desarrollar foros, conferencias, reuniones de negocios, aventuras, diversiones y un sinfín de actividades más, que mantendrían copada la oferta de hoteles y restaurantes durante todo el año. Su demanda bien habría podido ser atendida por su reducido valle, su grandiosa costa y su riqueza marina. El empleo se expandiría a niveles nunca imaginados, propiciando inclusive una emigración desde otros lugares.

La historia se repite: carbón, madera fina, turismo, hidrocarburos, langostinos, hidrocarburos, turismo de playas, todas ellas abordadas por aventureros no tumbesinos… pero seguimos apostando por la agricultura dependiente de represas (ahora cuestionadas por su impacto ambiental a nivel global).

Y mientras tanto, se continúa liberando suelos en forma de sedimentos, en busca de tierras agrícolas; se continúa con el desorden de la pesca en una zona nodriza para los peces comerciales más demandados por el mercado.

Como antes, la fiesta continuará siendo organizada por los de fuera, en nuestra propia tierra, mientras seguimos esperando que algún día llegue el ansiado proyecto de irrigación, que a decir de muchos, nunca podrá ser de los tumbesinos. Pues ocurre que, a modo de devolver la inversión en infraestructura, la tierra será entregada a quienes (de donde vengan), estén en condiciones de pagar por un lote (quizás de más de 50 Has) irrigados y con compromiso de pagar por su derecho de agua (cosa que hasta ahora la mayor parte de agricultores se resiste a pagar).

Como antes… volveremos a quejarnos de que los que vienen de fuera ganan más que quienes siempre hemos vivido en Tumbes.

jueves, 4 de febrero de 2010

Trabajo listo, escenario limpio… fantasía o realidad?


Hace más de 30 años le pregunté a mi padre - cuando ejercía muy dinámicamente su oficio de mecánico de motores estacionarios - sobre las razones por las que nuestro taller no se veía cargado de aceite como los de los otros mecánicos. La idea en el ambiente era de que un taller aceitoso era indicador infalible de mecánico trabajando. Nuestro taller no tenía una gota de aceite derramada ni cerca de los barriles de petróleo.

Mi padre me contesta que aquellos mecánicos eran sucios.

Confieso que demoré en entender la idea. Todos los talleres de mecánicos estaban con hidrocarburos; todos los lugares en donde había construcciones estaban llenos de una mezcla de arena, cemento, bolsas, fierro y trozos de ladrillo; todos los lugares donde estaban pintando estaban manchados con pintura, los bancos, las escaleras y obviamente la ropa de los pintores; todos los lugares donde se hacía trabajos de gasfitería estaban llenos de barro negro y pestilente, restos de tubería y trozos de tubería; todos los lugares en donde alguien estaba cocinando estaban llenos de hollín, restos de alimentos, utensilios sucios y hasta perros comiendo las sobras.

Si aquellos lugares donde trabajaba la gente estaban sucios, por qué el taller de mi padre estaba limpio? Y más aún, por qué mi padre era exigente en la limpieza y orden del local y las herramientas?

Y es que trabajo no es sinónimo de suciedad; tampoco de desorden; y tampoco de gritos y maltratos.

Lo que hoy muchos conocemos como normas de seguridad e higiene industrial se está extendiendo a todos los oficios. La razón es simple: no existe vínculo que relacione ineludiblemente el trabajo con la suciedad y el desorden. Eso es un sobrecosto. Es un costo adicional que puede afectar tanto a quien recibe el trabajo, quien lo ejecuta y también quien está cerca de donde se realiza dicho trabajo. Y como se trata de costos, nadie desea voluntariamente asumirlo. Lo que ocurre es que los niveles de suciedad pueden alcanzar impactos suficientes como para arruinar la vida de muchos sujetos, de su entorno, de su modo productivo y hasta de su lugar de residencia. Peor aún, tales niveles de daño hasta pueden resultar imposibles de revertirse por muchos, muchos años.

En lugares en donde esto está claramente definido, quien desarrolla un trabajo ensuciando (que es diferente de quien hace un “trabajo sucio”), el responsable asume los costos… y debe hacerlo de inmediato. Pero esos lugares aún no son muchos, ni la mayoría.

Aún podemos encontrar con facilidad desde calles sucias debido a un trabajo de pavimentación, jardines arruinados debido a trabajos de construcción o de pintura, sitios turísticos contaminados, hasta ríos y océanos muertos, personas enfermas, negocios arruinados, etc. simplemente porque alguien estuvo trabajando y no fue capaz de evitar "ensuciar".

El propósito de este mensaje es invitarlo a desarrollar su trabajo - cualquiera que sea - de modo limpio y ordenado, por múltiples razones: solidaridad con el vecino, responsabilidad con los valores del cliente, respeto a la sociedad y respeto a usted mismo, a sus sueños, a los sueños de sus hijos y de los amigos de sus hijos.

El trabajo desde siempre fue indicador de dignidad para el hombre. Hágalo limpio y verá como muchos lo tomarán de ejemplo, como referente y eso redundará en su beneficio propio.

El trabajo es digno, limpio y eficaz. Haga de esta consigna su forma de vida.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Cómo influye tu forma de vida sobre el ambiente. El consumo


¡Acabemos con esto de una vez !
Cargado originalmente por jonRo

Buscaba una imagen que me ayude con el tema y encontré ésta de Jon Roman.
Y es que la idea es volver a poner el tema de nuestros hábitos de consumo y su impacto sobre el ambiente.
De hecho el consumo humano puede llevar al planeta a situaciones extremas, como lo que se vive ahora y que se hizo público con "la Hora del Planeta". Esta jornada que nos motivó a ahorrar energía eléctrica durante UNA HORA sirvió mucho a los niños.
Pero el asunto no termina ahi...
Nuestros hábitos de consumo son diversos y tan complejos. Muchos de ellos si pueden acabar, sino con el planeta, con parte de él. Aquí me refiero a los recursos finitos (aunque somos la especie que hace finito lo infinito); aquellos que, renovables o no, pueden agotarse si nuestro consumo es superior a su oferta natural.
Vivo en Tumbes y trabajo en manglares. En Tumbes se consumen las llamadas "conchas negras" (Anadara tuberculosa), que son tan deliciosas que rápidamente se convirtieron en imágen nacional con el ceviche de conchas negras.
Las conchas negras se están agotando en nuestro país. Primero, porque su consumo creciente sobrepasó la oferta natural de los manglares de Tumbes (la única región del Perú que tiene manglares es Tumbes), ahora se están importando del Ecuador; segundo, porque pese al elevado consumo, no se producen mediante la acuicultura (o cultivo controlado), lo cual las expone a diversos intemperismos (amenazas existentes en el ambiente), como la reducción de bosques de mangle, la contaminación de las aguas y obviamente, la extracción desmedida.
Extracción es una práctica muy rudimentaria que aún se mantiene en nuestra cultura. Es equivalente a la caza, que consiste en capturar para nuestro consumo algún recurso que se encuentra en ambientes silvestres; o sea, cosechamos lo que no hemos sembrado. Su enorme desventaja es que, al ocurrir en espacios públicos, nadie en realidad hace mucho por asegurar su sobrevivencia.
En el caso de la concha negra, estamos llegando a extremos en los que nos estamos comiendo a los juveniles; es decir a aquellos individuos que aún no alcanzan su madurez sexual y por tanto no lograron reproducirse. Cuando las poblaciones pierden a los individuos con capacidad reproductiva, están condenadas a la extinción.
Así como ocurre con la concha negra, también ocurre con la concha Pata de Burro (Anadara grandis) y hasta con los peces, que aunque tienen mayores facultades de defensa (pueden moverse cuando perciben una amenaza), difícilmente escapan a las redes de pescadores cuyos filtros son cada vez más estrechos.
No "sembramos" ni "cultivamos" moluscos ni peces; sin embargo, con el poder de nuestro consumo los estamos agotando.
Si bien "la Hora del Planeta" nos ayudó a entender que el ahorro en nuestro consumo de energía eléctrica puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, en el caso de la concha negra, no bastará una hora, sino muchas ocasiones para negarnos a disfrutar de su delicioso sabor; por lo menos, mientras no hayamos asegurado la conservación de sus poblaciones.
Cuando consuma conchas negras, revise su tamaño. Cuando está entera (con sus valvas o conchas), asegúrese que mide algo más que su dedo medio (4.5 cm); cuando ya está en el plato, el cuerpo entero del molusco debe tener al menos 3.2 cm.
Cuando las medidas que le señalo sean menores, usted será consciente de que su consumo está presionando la sobrevivencia de la especie. Deje de hacerlo y difunda esta idea.
Evite que su consumo afecte su propio ambiente y el de sus hijos.

martes, 15 de diciembre de 2009

Cómo influye tu forma de vida sobre el ambiente. Residuos sólidos

Para este ejercicio vamos a llamar Residuos Sólidos a lo que comúnmente se conoce como “basura”; porque la basura no es otra cosa que residuos. Pero no todos los residuos constituyen la basura; lo conforman específicamente aquellos que se encuentran en estado sólido o semisólido y que, fundamentalmente los disponemos (los botamos al basurero o al ambiente), con la idea de que a nosotros no nos sirve en nuestra forma de vida.
Se trata de hacer una revisión cuidadosa de lo que generas como residuos sólidos (o basura) en tu forma de vida. Hay varias formas de definirlo, pero en esencia intentaremos determinarlo por su peso (pues su volumen es más complicado determinarlo). La determinación del peso de los residuos sólidos que generas la llevaremos al período de tiempo de un día, un mes y un año. Es decir, intentaremos definir cuántos kilos de residuos sólidos generas en un día, en un mes y en un año.
El siguiente paso también es importante y adicional al anterior. Se trata de identificar cuánto del peso de residuos sólidos que generas, es susceptible de descomponerse en forma natural y formar parte del ambiente, sin llegar a producir una contaminación significativa. Recuerda que lo que finalmente buscamos es determinar cómo es que tu forma de vida influye sobre el ambiente.
Y obviamente, el siguiente paso consiste en determinar cuánto del volumen de residuos sólidos que generas no es capaz de descomponerse en forma natural (en poco tiempo). La idea de que el tiempo todo lo borra es relativa. Algunas cosas que generas demoran más que una generación en descomponerse, y otras, demoran cientos de años.
Al final, como es sensato decirlo, también determinaremos cuánto del peso de residuos sólidos que generas se convertirá indefectiblemente en un contaminante altamente tóxico. Quizás pienses que eso sólo se ve en películas o en lugares donde el tratamiento con elementos asociados a la producción nuclear. Pues no es así; podemos ser partícipes de la acumulación de contaminantes altamente tóxicos en nuestro propio ambiente.
A modo de colofón, puedes atreverte (aunque lo dudo) a saber dónde estás acumulando los elementos tóxicos que durarán en su efecto nocivo durante muchos más años de lo que crees que vivirás en este planeta.
El propósito de éste ejercicio personal no es otra cosa que generar en ti una reacción ante lo que hasta ahora conoces como “tu forma de vida”.
Empecemos:
1. Imagina cada uno de los días en que vives como cualquier ciudadano común – o no común – como te consideras. Te propongo que empieces imaginando que despiertas a un nuevo día. Piensa en lo primero que consumes (tómate tu tiempo). Quizás te duches y usas champú y jabón para bañarte. Los productos que utilizas tienen envase? El envase puede deshacerse en poco tiempo? Luego te cepillas los dientes… el envase del dentífrico puede deshacerse en poco tiempo? El cepillo que usas no dura para siempre… el cepillo puede deshacerse en poco tiempo?
No te distraigas contestando estas preguntas. Mejor empieza imaginando un día en el mercado, cuando vas de compras para hacerte de lo que necesitarás a lo largo del mes.
2. Recolecta los envases primarios y pésalos. Luego recolecta los envases secundarios y pésalos. Es mejor que peses los envases y los restos que no utilices diariamente; esto te ayudará a tener un dato más exacto al final del mes.
3. De los datos anteriores, determina cuál de los residuos se puede deshacer rápidamente y cuál no. Expresa esta información en peso (Kg.).
4. De lo anterior, cuida de identificar cuál de los residuos es altamente tóxico. Determina el peso del mismo.
5. Si te atreves, identifica cuál de esos elementos tóxicos de alta duración, va a parar al botadero o relleno sanitario que sabes que dispondrá de tus residuos.
Elabora un diagrama para tu propia información y decide cuánto de ello eres capaz de reducir (o producir en menor peso).
Termina concluyendo cuál es el impacto de tu forma de vida sobre el ambiente.
¿Estás listo/a?

lunes, 23 de noviembre de 2009

No todos los manglares son Santuario

Manglares son una referencia muy general de aquél ambiente de bosque que no se amilana de hacer frente al mar. Esta idea, que puede parecer simple o fantasiosa, describe ecosistemas que tienen la capacidad de convivir entre ambientes continentales (tierra firme) y la zona marino costera.
Estos ambientes no son comunes. De hecho, aún cuando forman una cadena lo suficientemente larga como para alcanzar representatividad (salvo casos extraordinarios como los manglares de Vice, Sechura, Piura, Perú), siguen siendo desconocidos. Alrededor del mundo, los manglares son cadenas largas distribuidas en espacios casi desconocidos para el mundo, que sabe que a orillas del mar hay playas cargadas de suficiente arena como para desvanecer cualquier idea de bosque. Es indudable que aquí tenemos un paradigma que debemos desvanecer. Nadie medianamente culto podría imaginar que las olas del mar revienten, además de en la arena y roca, en troncos de árboles de un bosque llamado manglar.

El manglar es un bosque, compuesto fundamentalmente por especies de mangle (Rizophora mangle, Rizophora harrisonni, Avicennia germinans, Conocarpus erectus y otros), que no son otra cosa que especies vegetales permanentes (de larga duración) que se reproducen, crecen y maduran en ambientes costeros que combinan el agua dulce con el agua del mar. Entender la dinámica del ecosistema manglar desafía la insipiente cultura de consumo de cualquier ciudadano que vive lejos de ellos. La importancia de los manglares se lee con facilidad si el lector tiene cierta relación con el consumo de algunos productos que ofrece: mariscos, camarones o langostinos, peces y otros, que son exclusivos al manglar.

Para el caso peruano, que posee en el extremo noroeste un único ecosistema de manglares, la única forma de invitarle a entender los manglares es a través de su famosa “Concha Negra”. Estos bivalvos no se los encuentra en cualquier parte de la orilla del mar; menos en el mar profundo. La “Concha Negra” se encuentra en los manglares de Tumbes, o en aquellos del Ecuador (que posee manglares en casi toda su costa ligada al Perú); más no en el resto del mar peruano.

Sin embargo, cuando usted visita los manglares de Tumbes, usualmente lo hace a través de Puerto Pizarro. Pero no es el único lugar de manglares. De hecho, los manglares vienen desde más al norte del Ecuador; en el Perú empiezan desde Punta Capones y llegan hasta Playa Hermosa (lugar conocido hace casi diez años por el propósito de algún gobierno por hacer de esta zona un paradisíaco lugar de turismo receptivo).



Manglares de Puerto Pizarro

Pero lo que motiva esta nota no es sólo la distinción de los manglares en Tumbes, sino al hecho de que continuemos con la dinámica de ver por una ventana lo que debiéramos ver de modo más amplio. Sepa usted que toda la línea de costa de Zarumilla y de la ciudad de Tumbes no tienen playas, sino manglares.

Dentro de esa larga línea, Puerto Pizarro es uno de los lugares con acceso vehicular y además es un antiguo destino turístico. Pero hay más lugares que visitar. Uno de ellos es el Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes que está en Zarumilla.

Es un área poco visitada por los turistas, quienes se engañan creyendo que cualquier zona de manglares se considera santuario y que por tanto, los manglares de Puerto Pizarro son un santuario nacional. Esta idea está por demás errada. El Santuario Nacional, como área protegida, conserva el ecosistema en su estado natural y no permite modificaciones ni impactos que alteren esa función. Puede ser visitada para el turismo, pues esa actividad no necesariamente impacta. Hasta el momento es visitada tanto por especialistas que ven en él aves endémicas y otras especies, gozando de un ambiente lo suficientemente silvestre como conocer su funcionamiento más de cerca.

Santuario Nacional Los Manglares de Tumbes (Zarumilla)

Si desea visitar los Manglares de Tumbes en su versión más silvestre, hágalo en el Santuario Nacional, que se encuentra en Zarumilla (a menos de 10 minutos al norte de Puerto Pizarro) y donde encontrará el ambiente natural de los moluscos y crustáceos que sostienen aún la destacada cocina peruana.

Encontré estas referencias adicionales que le pueden servir:

http://www.biodiversityhotspots.org/xp/hotspots/tumbes_choco/Pages/biodiversity.aspx
http://www.hellotumbes.com/alrededores1.htm
http://peru.gotolatin.com/eng/Guide/PeruNationalParks/ManglaresTumbes/Manglares-Tumbes-1.asp
http://www.enjoyperu.com/peru_travel_tours_information/peru_nature_ecology_biodiversity/peru_nature_ecology_biodiversity_national_sanctuaries_mangrove_sweeps_tumbes_national_sanctuary.html
http://www.turisticalperu.com/domiruth_newsletter18_eng.htm
http://www.darwinnet.org/docs/RBNOenglish.pdf

sábado, 7 de noviembre de 2009

GESTION AMBIENTAL REGIONAL OBJETIVA

El proceso de descentralización es ya una política pública nacional. El ejercicio de gobierno se ejerce por subsidiaridad (o subsidiariedad), que no es otra cosa que aproximar la gestión pública en la forma más inmediata a la sociedad (o grupo social) que demanda una respuesta concreta. Para eso se ha dotado a las municipalidades (gobiernos locales) de ciertas capacidades para cumplir con este propósito, organizándose además de modo que sumen a la gestión pública nacional vía regiones, para lo que también se han creado los gobiernos regionales. En algún momento de este proceso deberán aparecer las regiones.
Debe reconocerse una doble vía en la aplicación del principio de subsidiariedad: de la nación a la localidad y de la localidad hacia la nación.
El asunto ambiental es de interés nacional, regional y local; por ende, su atención exige una capacidad de respuesta local, organizada en regiones y con impacto nacional.
En este esfuerzo colectivo de la descentralización, el tratamiento del asunto ambiental, a efectos de alcanzar una respuesta eficaz a nivel local – donde se realizan las inversiones y donde se desarrollan sociedades no necesariamente productivas económicamente, pero que de cualquier modo buscan satisfacer sus necesidades mínimas de subsistencia – el país se ha visto en la necesidad de concertar sobre lo prioritario, de modo que el enfrentamiento a amenazas locales no se vea cargada de inequidades en la asunción de los costos y la distribución de los beneficios; sino que tanto los productores como los grupos sociales relacionados con ellos, trabajen por el interés común, identificando en ello el buen estado del ambiente. En este esfuerzo de concertación se han creado instrumentos de gestión ambiental pública, como las Comisiones Ambientales, las mismas que empiezan constituyéndose como los escenarios de concertación y coordinación de los intereses diversos en los espacios locales y regionales, seguidas de la definición de sus propias agendas también públicas; producto del análisis de la problemática ambiental que presiona sobre la calidad de vida de sus sociedades. En adición, también se estructuran los sistemas de gestión ambiental pública (regional y local), y alguno que otro ingrediente necesario de normativa que marque la pauta en aspectos necesarios, a la luz de un mandato principista y/o nacional.
Sin embargo, debido también al débil funcionamiento de los recientes procesos de concertación y coordinación, la implementación de las agendas ambientales inevitablemente resulta viciada de una ausencia de compromiso, insuficiencia de información y de criterios de eficacia pública. Las sociedades consideran que ciertas medidas priorizadas en las agendas ambientales deben ser asumidas por actores privados, quienes sienten interés por los temas o necesariamente deben asumirlos. Así, es posible que surja la idea de no comprometer recursos públicos en estos temas en particular.
Sumado a ello, los organismos públicos con competencias ambientales, siguiendo la inercia de actuar según lo mande el sector nacional (antes de la descentralización), no proponen medidas locales o regionales para asumir los temas ambientales que efectivamente les están afectando. Al final, la eficacia en el cumplimiento de las agendas ambientales es baja.
Lo más grave es que, en la compleja comprensión de desarrollar una respuesta, cuando se trata de evaluar el avance en la implementación de las agendas, reconocen que existen mandatos nacionales (producto de los compromisos asumidos a nivel de país, como es el caso de los convenios internacionales), que no han sido adecuadamente planificados. Tal es el caso del Cambio Climático, la Diversidad Biológica, la Lucha contra la Desertización y Sequía, el Ordenamiento Territorial y otros, que, al no haber sido priorizados en la agenda ambiental, poco o nada se hace por abordar estos aspectos.
Así las cosas, se percibe un elevado activismo ambiental y con pocos compromisos a nivel de las instituciones públicas, de modo que hay mucho que hacer y poco avance efectivamente previsto.
Esta situación desafía el modo de abordar el asunto ambiental, a nivel local y regional.
Ante esto, propongo que un grupo selecto de profesionales, destacados por su experiencia en asuntos ambientales, revise las prioridades regionales en un esfuerzo de articularlas además a las decisiones estratégicas de estos mismos escenarios regionales, seleccionando prolijamente los temas que la gestión regional debe abordar. Estos profesionales pueden ser los docentes de las universidades reconocidas por su propuesta ambiental y otros que, localizados en puestos públicos o privados, ejercen liderazgo sobre el asunto ambiental de la región.
Ellos bien pudieran elaborar una propuesta de Política Ambiental Regional para ser validada ante la sociedad y los gobernantes regionales, valiéndose del mandato que le dé la comisión ambiental correspondiente.
Así, la propuesta de Política Ambiental Regional, como marco para las inversiones públicas y privadas en gestión ambiental, sirve como marco orientador del enfoque de la implementación regional de las estrategias nacionales.
La Política Ambiental Regional prioriza los temas ambientales a la luz de su impacto en el desarrollo humano y el crecimiento económico regional, cumpliendo – claro – con el mandato nacional de ajustarse a los compromisos adquiridos a nivel global.
Entonces, es de esperar que la Agenda Ambiental Regional se elabore a partir de la Política Ambiental Regional. Aquí, aquellas actividades que correspondan a las instituciones del Gobierno Regional serán debidamente planificadas como proyectos de inversión pública.
Si logramos esto, el avance en la implementación de la Agenda Ambiental Regional evidenciará un innegable avance a favor del desarrollo sostenible local y regional.