domingo, 9 de agosto de 2009

Turismo, una oportunidad invisible

Claro está desde hace mucho que las economías locales no logran ofrecer las oportunidades de crecimiento económico y acumulación de riqueza a los actores económicos, en tanto no exista una integración con las economías de otros lugares. Esto movilizó, en el caso de Tumbes, el comercio del ajo, la cebolla, la manteca, el licor y la chancaca; con otros lugares del Ecuador como Alamor, Zapotillo, Arenillas y hasta Loja. Definitivamente no hubiéramos logrado afianzar nuestro aparato productivo si no hubiéramos tenido una importante demanda de ajos y cebollas de parte del Ecuador; ni tampoco habrían prosperado sus economías si no hubiéramos demandado su Chancaca, su aguardiente y su manteca.
La lección es clara; el mercado de productos intercambiables dinamiza la economía.
Para el caso del Perú, casi en la década de los años 50’s del siglo pasado, surge una nueva opción conocida como el Turismo, cuando los lugares de oferta de esparcimiento agotaron sus productos y surge Machu Picchu y su equivalente en México, como opciones alternativas en Sudamérica.
Lo singular de esta nueva dinámica ha sido el hecho de que, sin necesidad de transferir los productos, los visitantes se llevaban una inigualable experiencia a cambio del dinero que dejaban por el disfrute de la misma, entendida como los servicios que le construyeron el citado “disfrute” de su escenario.
Y es que el turismo, no sólo en lugares como México, Puerto Rico y hasta la misma Habana, ocupa un lugar importante en las opciones de generación de ingresos, sin necesidad de transferir productos de un lugar a otro.
Esto ha sido entendido así por los gestores de la Revolución en los años 70’s, cuando Velasco Alvarado promociona al Perú, ya no como el “patio trasero” de economías enormes, como la norteamericana; sino como un lugar singular, radiante de cultura y recursos inequitativamente valorados por los agentes económicos que sólo veían a nuestro país como ofertante del caucho, la madera, el carbón, el petróleo y el azúcar. El tema en conflicto es que, para que esto ocurra, las poblaciones debían alcanzar tal nivel de apropiación de su oferta, que consideró necesario resolver el asunto de la tenencia de la tierra, que en esa época se concentraba en pocas manos, dejando al poblador como solo un ofertante de servicios no calificados ante el vertiginoso crecimiento de la Hacienda.
El movimiento “revolucionario” cree resolver esta eventual inequidad despojando al hacendado de sus tierras y entregándoselas a sus trabajadores, ya sea para continuar con la producción agrícola, como para vender valores adicionales como la cultura y recursos localmente subvaluados, como la fibra de los camélidos y el algodón nativo, ya no como materia prima, sino como producto terminado.
Pocos tienen memoria de esto. La mayor parte de nosotros piensa que el movimiento revolucionario ha sido una página obscura en nuestra cultura y por tanto reacciona desechándola con todo lo que vino.
Hay mucho que hablar al respecto, pero sólo espero concentrarme en la sola idea de hacer notar que somos un escenario singular con una cultura riquísima, digna de ser conocida como un destino valioso para el turismo. Asumo que alguien entienda que en la oferta de un lugar singular y atractivo, exista una importante oportunidad para mejorar la economía local.
Pero admito un error: la creencia popular en el Perú es que el Turismo NO ES UNA OPORTUNIDAD. Y no es que hayan probado que no lo sea (en el resto del mundo sí lo es, decididamente). Lo que pasa es que es parte de la incomprendida herencia que dejó el movimiento revolucionario.
Mientras que en el resto del mundo, la afluencia de visitantes del exterior constituye una oportunidad para generar ingresos, en el Perú no forma parte de las opciones sólidas. Alguien creería, de un modo apresurado, que el Perú no tiene nada que ofrecer. Pues no es así, los ofertantes de servicios básicos consideran al visitante como un agente indeseable en el desarrollo de sus precarias economías, pues, piden servicios singulares, pagan con monedas extrañas y hablan con un lenguaje incomprendido.
Así las cosas, el Perú se constituye en el país que demanda cada día más mejores oportunidades de ingresos, pero se da el lujo de desechar aquellas que se le ofrecen espontáneamente.
Esto no se debe a la falta de conocimientos en el común de la gente. Se debe a que los propios gobernantes sienten que las megaestructuras y los monumentos a lo que sea, son la fórmula de desarrollo y no la preparación a recibir visitantes.
No conozco a todo mi país, pero si a buena parte de sus lugares. Todos ellos con su propia y maravillosa singularidad. Sin embargo, conservan el sentimiento común de que el visitante no les resolverá sus anhelos de crecimiento, como sí lo pudieran hacer las promesas eternamente incumplidas de sus gobernantes, para quienes siempre hay un voto a favor.
Esto hace que en lugares como Tumbes, frontera con Ecuador, el tratamiento a los visitantes sea de dos modos: (1) cobrándoles tarifas tan escandalosamente altas como para que nunca más vuelvan; y (2) negándoles cualquier servicio so pretexto de no entender el valor de su moneda.
No puedo universalizar esta idea con todos. Están los operadores; sin embargo ellos sólo se aseguran de crear las condiciones mínimas de disfrute de sus visitantes. Lo que los visitantes tengan que sortear hasta los operadores no forma parte de su agenda aún. Y es que entonces, no logran notar que aquellos servicios como el transporte, la alimentación y el hospedaje están caminando en el lado contrario.
En tanto esto continúe así, no habrá turismo como opción económica; ni menos será visible para el resto de agentes económicos. Seguirá siendo una oportunidad invisible.

jueves, 30 de abril de 2009

Estabilizar las playas

Desde niño me llamaba la atención la forma en que el mar acumulaba la arena en la orilla, sobre todo cuando marcaba desniveles.

Hace poco más de diez años comentaba un empresario turístico que las playas de Zorritos virtualmente “miraban” al cielo y no al mar, pues entre el mar y la costa sólida se había acumulado un muro de arena, tal como lo indica la figura.

Hace un año, caminando con mis hijas por la playa de Zorritos, las llevo a conocer el muelle de pescadores, donde disfrutábamos de lanzarnos a nadar cuando éramos niños. Ellas no podían creer que hubo un muelle ahí, pues estaba completamente arenado e inservible. Hoy, las embarcaciones deben anclarse a por lo menos 500 m. de la orilla y los pescadores se ayudan con balsas para llevar la pesca hasta la playa.

Recientemente reviso los mapas satelitales de Tumbes y me concentro en seguir el cauce de los principales ríos, tanto de flujo permanente como de flujo temporal, y observo un comportamiento meandroso marcado por una severa erosión. Eso me hizo recordar otro detalle que es común escuchar en los valles: “el invierno me quitó tierras en este año…”, haciendo referencia a que en las épocas de lluvia, el crecimiento de los ríos erosionó a tal punto el suelo que terminó llevándose literalmente toda o parte del área de cultivo de algunas personas.

Los mapas satelitales también me mostraron que hay una inmensa masa muy clara (de color blanquecino) que parece moverse debajo de la superficie marina, muy cerca de la orilla.

Estas ideas aparentemente desordenadas y desarticuladas me hicieron pensar en que todo es parte de un mismo problema.

En un esfuerzo por armar este rompecabezas, me propuse que el impacto de la erosión y sedimentación que ocurre a lo largo de un río, tiene sus secuelas cuando ingresa al mar en considerables volúmenes. En gestión de cuencas siempre hablamos de la erosión y la sedimentación como factores críticos, pero no recuerdo que hayamos avanzado hasta el mar. Imagino que estarán de acuerdo conmigo en que el material sedimentario que llega al mar debe ir a parar a alguna parte. El mar no es un vacío que desaparece por arte de magia todo lo que recibe.

Y creo que ahí es donde está el problema. La dinámica lunar de las mareas y el movimiento de las corrientes marinas actúan como una especie de cachorro animal que juega con los sedimentos que entregan los ríos al mar, y los deposita en algún lugar de la costa. Vuelve a recogerlos y se los lleva hacia otro lugar en una incansable jornada de juego que puede durar decenios.

Esta descripción imaginativa del problema intenta graficar que en el interior del mar y muy cerca de la costa tenemos condiciones que nos desafían a tratar con mayor interés el asunto de los sedimentos. Si bien existen inquietudes en la parte continental con los procesos erosivos que “roban” superficies de cultivo, destruyen puentes, caminos e infraestructura de riego, el problema no termina ahí. La masa de sedimentos continúa moviéndose en el mar arenando muelles, desfigurando playas y amenazando caminos e infraestructura en la zona de la orilla.

Es harto posible que en el mar de Tumbes exista un importante volumen de sedimentos, sean o no la mancha clara que se aprecia en los mapas satelitales. Hago esta aseveración porque a lo largo del siglo pasado se han desarrollado severos procesos de deforestación en forma creciente. Esto, sumado a las precipitaciones extraordinarias de 1925, 1983 y 1998, lograron que las generaciones que pertenecemos al siglo pasado (1900) crezcamos con la idea de que son naturales los cambios muy grandes en la fisiografía del territorio de Tumbes, en muy cortos períodos de tiempo. Lo que antes eran pequeños riachuelos terminaron convirtiéndose en inmensos ríos. La mayor parte de los puentes tuvieron que volver a levantarse, mucho más largos que los anteriores. Y es que la cobertura boscosa, en un territorio como el de Tumbes, juega un rol irremplazable: sostener los suelos sueltos. Cuando quitamos la cobertura boscosa, los suelos son arrastrados fácilmente por el agua y juntos actúan como meteoritos que bombardean copiosamente la estructura de suelos más afianzados, como el caso de los valles, hasta debilitarlos y literalmente arrastrarlos, dejando huellas de una severa erosión.

Pero así como quitamos el soporte a los suelos en las partes altas y los liberamos a las partes bajas de los valles y el mar, ahora debemos capturarlos. Para esto se requiere de medidas de estabilización de playas, que atrapen la arena dinámica y reduzcan considerablemente los riesgos de continuas erosiones, con impactos importantes. Y claro, en las partes altas debemos evitar que se siga reduciendo la cobertura boscosa. De este modo romperemos el ciclo.

Agradeceré comentarios a esta idea.

domingo, 19 de abril de 2009

Café Mi Tierra

Sigamos en BUEN EJEMPLO de Colombia!!!

sábado, 4 de abril de 2009

Acumulador de energía cinética

Hablando de Fuentes Alternativas de Energía.
La lectura de un artículo periodístico de El Comercio (04/04/2009), que presenta diversas máquinas al acceso de familias de escasos recursos, como el caso de una "bicilavadora", me llevó a pensar varias cosas. Una de ellas es que la energía eléctrica (y no la cinética) es la principal fuente energética que esclaviza a la mayor parte de los artefactos que usamos hoy. Hagamos memoria y de la larga lista de artefactos que recordemos, la mayor parte dependen de energía eléctrica. Claro que no los "enchufamos" directamente a la fuente (caso de celulares, iPod, cámaras, radios, equipos reproductores de MP3, etc), pero en buena cuenta ésta energía nos la proporcionan los acumuladores que si captan la energía de las fuentes originales de uso doméstico.
Eso me llevó a pensar que tales inventos como la "bicilavadora" o el "bicimolino" no tendrían mucho éxito. Cosa curiosa, en un mundo cada vez más demandante de energía, ciertos inventos que toman la energía barata, no sirven como esperamos.
Pero la idea está en el aire... piense, piense...
Yo uso un reloj automático. No usa pilas y eso me deja un respiro en mi ya compleja dinámica de consumo (que no será muy distinta a la de TODOS los ciudadanos de hoy). El reloj funciona a cuerda, la misma que siempre se tensa con el movimiento de los volantes que forman parte del mecanismo del reloj. Estos volantes giran ante cualquier movimiento de mi mano, tensando poco a poco la cuerda del reloj. De ese modo me evito de usar pilas y de dar cuerda al reloj cada cierto tiempo. ¿Capta la idea?
El mecanismo de los relojes automáticos es un acumulador de energía, pero no energía eléctrica (la que nos está llevando a un estado de caos movilizando aceleradamente el Cambio Climático). El mecanismo de los relojes automáticos es un acumulador de energía cinética.
Y ahora... a dónde va esto?
Si por un lado los artefactos que usamos a diario y de los cuales depende nuestra vida en relación, en su mayor proporción usan energía eléctrica, de qué nos vale la energía cinética?
¿De qué nos vale si la generamos en forma divertida o la acumulamos, como el caso de los relojes automáticos?
Un físico se moriría de risa... y es que resulta sumamente sencillo convertir energía cinética en energía eléctrica y viceversa. ¿Pero cómo es que no lo pensamos antes...?
Posiblemente a alguien que tenía cierto poder no le convino.
Sólo piense, si por diversión o por acumulación usted genera (sin costo) energía cinética, ésta puede a su vez activar la generación de energía elétrica a través de un dinamo (energía cinética moviliza una fuente de energía magnética y ésta genera energía eléctrica). Al final, el resultado es que usted dispone de energía eléctrica, pero generada de forma alternativa, sin liberar gases contaminantes al espacio.
Por otro lado, leí en algunos blogs que algunos inquietos ciudadanos proponían que en el caso de los vehículos (máquinas que tienen una enorme responsabilidad en la generación de gases de efecto invernadero), éstos aprovechen la energía cinética de la rotación de los neumáticos, para acumularla y utilizarla en otros sistemas del vehículo, como los frenos y hasta el mismo impulso inicial del vehículo, sin requerir del combustible fósil que tanto contamina.
Imagine usted un acumulador de energía cinética instalado en su casa de campo. Es una bicicleta estacionaria que le ayuda a quemar las grasas en exceso y por transmisión de energía, usted acumula (como el mecanismo de los relojes a cuerda) la energía rotatoria en un aparato especialmente diseñado para eso: acumular energía.
Cuando se trata de moler los granos, usted engancha el molino al acumulador y muele sus granos; cuando se trata de encender las luces, usted engancha un dinamo al acumulador y genera energía eléctrica que le permitirá alumbrar, usar su laptop, funcionar la nevera, etc.
Pero esa energía se agota... No! se transforma (Segunda Ley de Termodinámica).
Pero podemos establecer relaciones de aprovechamiento de la energía acumulada. Cierto peso en la tensión de un acumulador equivale a tantas horas de funcionamiento de un dinamo de tantos Kv, a tantos Kg de grano molido, a tantos Kg de ropa lavada, etc.
Si a usted le gusta la creación de máquinas, le invito a crear el Acumulador de Energía Cinética.
Y me cuenta lo que consiguió...

sábado, 21 de marzo de 2009

Obras son amores - Hablando de autoridades...

No sé quién cambió el original sentido religioso de esta frase, a una forma de auto-reconocimiento político de una gestión pública. Quizás respondió al hecho de que algunas autoridades no hicieron nada de nada cuando asumieron su rol, para el que el pueblo los eligió (hablo de los sistemas en democracia).
El hacer “obra” definitivamente no debiera significar nunca que deba invertirse el escaso dinero fiscal en construcciones absurdas e inútiles; peor aún, en obras vulnerables y riesgosas. Por tanto, obras por sí solas no son amores.
Lo que en esta nota se exige es que estas obras tengan relación con el bienestar colectivo. Las inversiones en infraestructura pública deben estar relacionadas con las prioridades de atención de necesidades de algún pueblo en particular, las mismas que han sido determinadas, luego de un amplio y concienzudo proceso de planificación urbana.
Comento esto porque no deja de sorprenderme la cada vez mayor cultura de construcción de monumentos absurdos, inútiles, caros y desarticulados con las necesidades de las poblaciones en donde se hacen. Un caso concreto es Zorritos, en Tumbes.
En este lugar, igual que en muchos otros, continúo observando con preocupación que la diversa y extraordinaria oferta de recursos turísticos no es aprovechada efectiva y sosteniblemente con el turismo, por ejemplo (ver nota al respecto).
Zorritos tiene serios problemas de abastecimiento de agua potable y servicios de alcantarillado; no tiene definido un sistema de gestión de residuos sólidos; no tiene planificado su crecimiento urbano; no dispone de catastro; las actividades económicas se desarrollan en desorden, de modo particular la pesca artesanal, la pesca semi-industrial y la extracción de hidrocarburos. Note usted la lista de aspectos donde invertir para resolver el problema de Zorritos y crearle un espacio al turismo, como opción económica a su población.
Sin embargo, como ocurre desde hace mucho, Zorritos ejecuta obras que, igual como en la ciudad de Tumbes, lejos de propiciar bienestar, ofenden con su ociosidad y desenfado al gastar el poco dinero que se recibe en las arcas municipales en nada útil a nadie.
Obras así... son amores?

Y en la ciudad de Tumbes, hace poco más de diez años llamó la atención una monumental obra que hasta ahora no demuestra su utilidad al desarrollo de Tumbes: El Paseo El Beso, en el malecón de Tumbes.

En el mismo lugar se ha levantado una infraestructura que aún no comprendo los beneficios que trae a la ciudad. Lo que si me demuestra es el nivel de riesgo que tiene. Observe las fotos y note usted cómo el peso de la construcción está resquebrajando el cimiento del malecón; observe y encuentre la utilidad de su absurda conexión con el Puente de Tumbes; y piense en los riesgos que puede traer en la orilla del río el enorme tamaño - ocioso - de la estructura.

¿Obras son amores...?

lunes, 9 de marzo de 2009

Política Ambiental Nacional

Hace poco (6 de marzo de 2009) el Ministerio del Ambiente publicó en su página web su propuesta de Política Ambiental Nacional (http://www.minam.gob.pe/index.php?option=com_content&view=article&id=123&Itemid=65).
En su calidad de autoridad ambiental nacional, debe definirla. Es uno de sus principales mandatos.
La política ambiental nacional es una política pública de aplicación nacional y obligatoria, de acuerdo a lo dispuesto por la Ley General del Ambiente.
Una política pública ocupa el mayor rango en la jerarquización de las normas. De ella se desprenden leyes y regulaciones específicas. Su redacción debe reflejar esta característica y no parecer un listado de acciones pendientes.
Y es que la política ambiental nacional se esperaba desde la aprobación del Código del Medio Ambiente y los Recursos Naturales y se esperó responder a esto con la creación del Consejo Nacional del Ambiente (CONAM), en 1994.
Al CONAM no se le permitió concretar este propósito debido al reducido tamaño que le dieron en la gestión pública. Aspecto que se superaría con la creación del Ministerio del Ambiente o de un organismo que tenga una mejor posición en la organización del Estado.
Volviendo al asunto de la propuesta del Ministerio del Ambiente, he revisado el documento de modo general y con ello me he permitido hacerle algunas críticas que las propongo en este blog para su consideración y comentarios, antes de aventurarme a alcanzarlos como corresponde.
Un primer aspecto visible es que no siguió un proceso participativo, aún cuando en uno de sus objetivos indica que debe haber participación ciudadana en la toma de decisiones de interés colectivo. Solamente su consulta se ha propuesto recoger aportes entre el 6 de marzo, fecha en la que se publica en la página web, y el 19 de marzo, fecha en la que terminan los talleres macroregionales de consulta.
Otro detalle es que se pierde al reafirmar redundantemente su objetivo hacia la persona. No se centra en el ambiente (para la persona), sino en la persona misma. En la misma Constitución se indica que el fin último es la persona humana. En el sector ambiente debe definirse una política clara sobre lo que ocurrirá con el ambiente para beneficio de las personas. No creo útil perderse redundando este valor obviando lo correspondiente al ambiente mismo.
Esto complica las cosas porque le da un débil peso a lo ambiental como política pública transversal a las demás políticas públicas sectoriales. Lo ambiental tiene que ver con la salud, educación, justicia, etc. y si asume tímidamente su posición, resta fuerza a su indiscutible articulación con las demás políticas públicas nacionales.
De modo concreto, no define derroteros; se centra en el medio, más no en el fin. Se confunde con un Plan o una Agenda Ambiental. Esto le da a la política ambiental nacional la condición de "fusible", vulnerable a cambios tecnológicos, económicos, sociales, conceptuales y fundamentalmente políticos.
Veo como un serio error el uso de palabras novedosas cuyos conceptos son cuestionables y/o subjetivos. Obsérvese que no existe nada en la legislación nacional sobre biocombustibles, bionegocios o ecoeficiencia.
Es visible también su marcado sesgo comercial. Privilegia la atención hacia actividades económicas de coyuntura (minería, aprovechamiento forestal o inversión privada en general), antes que en el ambiente. Si bien hoy estas actividades generan importantes divisas al país, hasta hace poco, y por cuestiones de mercado y débiles reglas de funcionamiento, no cumplían con este propósito ni menos garantizan con lograrlo en el futuro. El mercado es cambiante, el bienestar de las personas no.
En lo referente a las cuencas, me preocupa que desconoce el funcionamiento de ecosistemas originales (páramos o pajonales) en la provisión de servicios ambientales, privilegiando medidas novedosas (como la forestación), no siempre útiles en el caso de las cuencas. No protege al país del reemplazo de los páramos por bosques creados con especies exóticas.
Otro aspecto que me preocupa es el uso redundante de adjetivos de calidad (eficiencia, eficacia, etc.) para el caso de la gestión pública, dejando abierta la idea de que ésta puede ejercerse del modo contrario. Esto ya está previsto en normas generales (simplificación administrativa, transparencia y otras ya señaladas en la Constitución Política y en la Ley Orgánica del Poder Ejecutivo).
Finalmente, me preocupa notar una difusa posición en la regulación del impacto ambiental, dejando entrever en algunos casos que lo dispuesto sobre la materia a nivel sectorial es insuficiente; y en otros casos muestra un tímido trato hacia los inversionistas irresponsables extendiendo la responsabilidad de los daños hacia mayores actores (autoridades locales, regionales). Si hoy la normativa sobre impacto ambiental es insuficiente, debemos poner en la agenda inmediata el tomar medidas para superar esa debilidad, no podemos ponerlo como un derrotero de largo plazo. De otro lado, el principio de internalización de costos obliga a las empresa a tener una responsabilidad ambiental; no podemos involucrar a otros actores (públicos) a responder por los daños generados por un privado.
Apreciaré críticas y comentarios que nos ayuden a proponer mejoras sustanciales a la propuesta de política ambiental nacional, porque ésto es un esfuerzo para el futuro.

lunes, 26 de enero de 2009

Gestión municipal y turismo

Un modo claro de fomentar el empleo permanente
Admito que siempre seré un crítico de la gestión municipal en el Perú. Una de las razones que me moviliza es su relación con el Turismo.
Para que usted pueda entenderlo, es preciso que revise el modo en que hacemos Turismo en el Perú. En mi apreciación personal… aún no lo conocemos. El máximo ejemplo que tenemos es Machu Picchu, pero no identificamos adecuadamente a qué se debe… ni en el mismo Cusco.
El Turismo concretamente puede generar empleo en los ciudadanos de cualquier lugar. No hablo de empleo temporal ni esporádico, sino de empleo permanente y creciente.
Aclaro que no soy agente de turismo… soy ambientalista.
El turismo a nivel municipal tiene mucho que ver con la generación de empleo. Para entender esto debemos comprender que el turismo es una forma de obtener ingresos por Exportación, sin necesidad de trasladar recursos hacia otros lugares (dentro o fuera del Perú).
El Turismo consiste en vender a los de fuera (visitantes del Perú o de otros países), los valores de nuestra localidad. Vender los valores de nuestra localidad significa vender a los de fuera (de nuestra localidad) aquello que es nuestras costumbres, nuestra tradición, nuestra cultura y nuestra forma de atender a los visitantes (compradores).
El artículo que me concentra ahora es el último aspecto citado en el párrafo anterior: la forma en que vendemos a nuestros visitantes la información relacionada con nuestra costumbre, tradición y nuestros recursos.
Pensemos sobre las condiciones actuales en las que lo hacemos y proyectemos la forma en que funcionaría, si cambiamos de actitud. Si nuestra localidad tiene recursos interesantes, porque vivimos en la costa, con los recursos marinos y costeros, sumado a nuestra tradición; si vivimos en la sierra, con los recursos andinos, sumado a nuestra tradición; y si vivimos en la selva, con los recursos amazónicos, sumado a nuestra tradición… dejaríamos a los peruanos o extranjeros una maravillosa experiencia (que es lo que busca un visitante).
En el caso de la costa, si además de la riquísima cultura previa a nuestras formas de vida, vendemos un ambiente seguro en el transporte, hospedaje, alimentación y guía; vendemos una ciudad limpia, ordenada (con reglas claras que se cumplen), y una actitud hospitalaria, obtendremos de los visitantes un voto de preferencia que será transmitido – sin nuestra intervención – en una promoción continua de parte de los complacidos visitantes.
En el caso de la sierra, si además de la riquísima cultura previa a nuestras formas de vida, vendemos un ambiente seguro en transporte, hospedaje, alimentación y guía; vendemos un lugar sano, de hermosos paisajes, ordenado y la actitud hospitalaria, obtendremos de los visitantes el ya citado voto de preferencia.
En el caso de la selva, si además de la riquísima cultura previa a nuestras formas de vida, vendemos un ambiente seguro en transporte, hospedaje, alimentación y guía; vendemos un lugar exótico y atractivo, de hermosos paisajes amazónicos, ordenado y la actitud hospitalaria, obtendremos de los visitantes nuevamente el ya citado voto de preferencia.
En suma, si recibimos a un visitante con un programa previamente elaborado de forma colectiva (no individual), grabaremos en su memoria una experiencia sin par. Hablo de lograr que el visitante perciba un servicio de transporte serio, seguro; un servicio de hospedaje con calidad elevada; un servicio de alimentación muy alto y propio de la culinaria del lugar; y un servicio de guía homogéneo, con información turística responsable; además de un servicio de seguridad ciudadana equivalente a los demás lugares turísticos del mundo, habremos logrado exhibir en los carteles del turismo mundial a un lugar digno de visitar con frecuencia, cualesquiera que sean las condiciones de nuestro espacio.
La recurrencia de visitantes proporcionará a los lugareños una oportunidad mayor de ingresos. Los transportistas tendrán la oportunidad de recibir turistas con mayor frecuencia de lo habitual. Los proveedores de servicios de hospedaje recibirán visitantes atraídos por la calidad de su servicio. Los guías de turismo recibirán mayores visitantes por la calidad de la información y la seriedad de las fuentes. Al final, todos tendremos oportunidad de vender.
El rol de la municipalidad es identificar a su localidad como un lugar digno de ser visitado. Para esto deben fijar reglas claras a los proveedores de servicio: transporte, hospedaje, alimentación y guía.
Además de esto, es de su menester asegurar que los servicios de: seguridad ciudadana, higiene, orden, salud ambiental y cultura, sean proporcionados en curso con las políticas municipales de transporte, seguridad ciudadana, ordenamiento territorial, información y cultura, salud ambiental, gestión de residuos sólidos, aguas servidas y otros.
Piense en un momento sobre lo que debe hacer su localidad para asegurar la visita de foráneos, con el propósito de adicionar a la oportunidad coyuntural de ingresos, el desarrollo del turismo.
Observa mi vídeo debajo de este artículo. Hablemos de esto…